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Discurso de instalación oficial del VI congreso CUT

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Santa Marta, Septiembre 24 – 26 de 2014 

Luis Alejandro Pedraza Becerra, Presidente 

En nombre de la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia,  de su Junta Directiva Nacional,  del Comité Ejecutivo y subdirectivas regionales. Saludo la presencia de todas y todos los delegados oficiales y fraternales presentes  para la participación activa en nuestro VI Congreso.

Saludo también la presencia de invitados especiales, personalidades de la política, de hermanas organizaciones sociales  y sindicales,  dentro de ellas la destacada representación de la Confederación de Trabajadores de Colombia – CTC.

Damos la bienvenida  y expresamos el reconocimiento a la presencia de las delegaciones internacionales de organizaciones amigas presentes, incluidas las Centrales Sindicales Internacionales y las Federaciones Sindicales Internacionales.

Damos nuestro reconocimiento a las autoridades del gobierno municipal de la ciudad de Santa Marta, por su presencia y su invaluable cooperación para la buena organización y desarrollo logístico  de este congreso.

Saludamos y reconocemos la presencia de las personalidades y profesionales invitados  como panelistas en los foros de este Congreso y desde ya, reconocemos su aporte intelectual que indudablemente se constituirá en insumo para los debates previstos en la agenda.

Nos encontramos en Santa Marta, Distrito turístico, cultural e histórico, capital del Departamento del Magdalena y tercer centro urbano de importancia en la región Caribe.

Según la historia el invasor español Rodrigo de Bastidas, la fundó luego de desplazar a sangre y fuego a los aborígenes caribes,  el día 29 de julio de 1525 constituyéndose  en la ciudad más antigua que existe en Colombia y la segunda más antigua de Suramérica. En otras palabras, en este sitio en donde celebramos nuestro VI Congreso, se vivió la primea invasión a nuestra geografía y la segunda al territorio  ahora llamado latinoamericano. Por esta razón, nuestro VI Congreso rinde homenaje al libertador Simón Bolívar, quien murió en la Quinta de San Pedro Alejandrino, cercana a este recinto  de Santa Marta  y esa fecha luctuosa,  fue un 17 de diciembre de 1830, cuando apenas surcaba los 47 años de edad. Muy joven para un luchador, un revolucionario que había recorrido de Bogotá a la Paz, a caballo y a pie, que había sido presidente de Bolivia, del Perú, presidente de La Gran Colombia,  en diferentes momentos de la lucha libertadora, lo que Bolívar logró fue liberarnos de ese yugo colonial español  que trajo Rodrigo de Bastidas y que había durado tres siglos después de la invasión de esta geografía, que como ya lo dije, después se llamó América. No fue una tarea fácil. En una gran lucha ideológica, fue capaz de unificar todas las fuerzas por un solo ideal, la independencia económica y política.

El ejército de Bolívar, que recorrió el norte de Suramérica, no hacía diferencias ni de clase ni de raza. Incorporó a los blancos descendientes de españoles, a los indios que apoyaron su lucha, a los negros esclavizados, a los mestizos de las tres razas.

Esta pequeña cita de la historia, nos lleva a la reflexión de seguir el talante, el pensamiento pluralista sin distinción política, de raza, de sexo o etnia de Bolívar en su lucha revolucionaria, para hacer de él nuestra fuente de inspiración en este Congreso y dirimir las diferencias por la vía de la inteligencia, la tolerancia, el respeto profundo a las diferencias en materia de concepción política, ideológica o de visión sindical, siempre en el camino de lograr la prevalencia de la unidad y la construcción de una CUT protagónica y mejor en el curso de la historia y de los tiempos.

Rendimos homenaje de respeto y veneración a los más de 3.700 mártires sindicalistas que ofrendaron su vida en la gran batalla por la construcción y consolidación de la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia, y como elemental reconocimiento y reciprocidad, estamos llamados a definir y entregarles a ellos y a nuestras bases, las mejores conclusiones de este VI Congreso.

También la historia nos recuerda que, en noviembre de 1986, en la ciudad de Bogotá, como manifestación clara de la voluntad política de los más diversos e importantes sectores sindicales de la época, nace la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia.

La creación de la CUT, constituyó para la época el hecho más importante realizado por los trabajadores colombianos, en la perspectiva de superar 40 años de división introducida en sus filas por los empresarios, los partidos tradicionales y la Iglesia Católica. Los constructores de la nueva Central buscaron,  introducir en la vida sindical del país, nuevas dinámicas y métodos de trabajo que llevaran al sindicalismo colombiano a transitar por el camino de la defensa consecuente de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, del abandono de prácticas contestarías para asumir conductas propositivas en la mesa de negociación, a entender que el sindicalismo debe asumirse como organización con vocación de poder, a preocuparse y participar en la solución de los grandes problemas de la sociedad y el Estado, a sentirse parte integral del sindicalismo mundial y por tanto, a tener posiciones claras, en ese contexto.

Con respecto a las transformaciones que en el momento se daban en el mundo, como resultado de los grandes avances de la ciencia y la tecnología, desde su nacimiento, la CUT comprendió que el resultado de esos avances, la globalización, no sería puesta al servicio de la sociedad global, sino de las economías altamente desarrolladas, del capital financiero especulativo y las empresas multinacionales, abriendo para ello las economías de los países en desarrollo, permitiendo la libre circulación de capitales, bajando los salarios y protegiendo de manera rígida, la denominada propiedad intelectual, pero cerrando las fronteras para la movilidad de los trabajadores y ciudadanos del mundo.

No se puede dejar de señalar, que aquel congreso tuvo dentro de sus preocupaciones, otorgarle a los dirigentes y bases de la CUT un mandato claro en materia de unidad orgánica del sindicalismo colombiano, sobre lo que seguimos trabajando, como el de adelantar como táctica de trabajo permanente, practicar una política amplia de unidad de acción con las organizaciones hermanas del sindicalismo colombiano, lo mismo que con las organizaciones del campo popular, entre ellos, los partidos y movimientos democráticos afines al ideario, y plataforma de lucha de nuestra central en Colombia, y en lo internacional. Lo anterior, en el camino de generar condiciones políticas favorables para impulsar las grandes transformaciones económicas, políticas y sociales que requiere Colombia.

Al iniciar el VI Congreso debemos reconocer, que si bien, la CUT, es hoy una organización reconocida y respetada en el concierto nacional e internacional, por su representación, vinculación a la lucha social y trabajo permanente por la consolidación de la democracia y la defensa de los derechos humanos, entre ellos los derechos de los trabajadores y trabajadoras, aún quedan pendientes por desarrollar,  muchas de las directrices emanadas del primer congreso, entre ellas la unidad de los trabajadores y trabajadoras del país.

COYUNTURA MUNDIAL

Dicho lo anterior, a manera de antecedente histórico, debo señalar que realizamos el VI Congreso de la CUT, en el marco de una coyuntura internacional extraordinariamente convulsionada.

En primer lugar, asistimos  a una recomposición del escenario global, pasando de un mundo unipolar a la consolidación de otro multilateral, como consecuencia del debilitamiento de muchos años de hegemonía de los Estados Unidos, especialmente sobre los países en desarrollo, al surgimiento de nuevos centros económicos, especialmente en Asia,  con capacidad de disputarle a los Estados Unidos, los escenarios en los que se desenvuelve la economía mundial.

Estos hechos, están acompañados de  verdaderas explosiones sociales y políticas, de levantamientos insurreccionales propiciadas por occidente en el medio oriente, del fortalecimiento en esa región de movimientos Integristas Islámicos, que se levantan contra la influencia externa, particularmente de los Estados Unidos, y el control de la riqueza  petrolera por parte de empresas multinacionales, la pretensión de corrientes integristas de instaurar estados teocráticos  islámicos en el oriente medio, la disolución de Iraq y la guerra civil en Siria contra la dictadura de Bashar Al Asad.

A estos hechos se les debe sumar, para configurar la nueva realidad internacional, el surgimiento de Rusia como potencia con pretensiones hegemónicas, lo que ha dejado ya como resultado la separación de Crimea y el resurgimiento de nacionalismos entre los pueblos rusos, que buscan entre otras asuntos, en lo inmediato, el desmembramiento de Ucrania para colocar estas regiones bajo la influencia del país de Putin.

Una mención especial, en el marco de esta realidad internacional, merece la criminal acción terrorista de Israel contra el pueblo de Gaza, la cual condenamos en su momento y lo seguimos haciendo,  exigiéndole a la vez a la comunidad internacional medidas eficaces, que garanticen al pueblo palestino el derecho a existir como nación y a construir un Estado libre y soberano.

Para sumar a esta realidad anti hegemónica de los Estados Unidos, debemos reseñar la aparición en América Latina de gobiernos democráticos de corte alternativo, que se distancian cada vez más de la órbita Norteamericana, pero sobre todo del modelo impuesto por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, algunos de los cuales se vinculan a bloques  como el conformado por Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica, quienes han creado su propio banco para apoyar países en crisis y avanzan en el establecimiento de acuerdos bilaterales de cooperación para el acceso a fuentes de energía, incremento del comercio y las inversiones mutuas. Otros, se vinculan a nuevos organismos internacionales de reciente creación como Unasur y el Alba, entidades que gravitan por fuera de la órbita de los Estados Unidos.

De otro lado, el occidente capitalista, ha visto colapsar sus economías como consecuencia de la quiebra de los bancos que manipularon irresponsablemente el sistema de hipotecas en los Estados Unidos, que encarecieron la vivienda en España hasta niveles impagables por los compradores, al desbordamiento del endeudamiento de gobiernos como  Grecia, Portugal, España, entre otras razones. En todos los casos, eso sí,  los gobiernos acudieron presurosos a rescatar los bancos con presupuestos públicos obtenidos con el aumento brutal de los impuestos y el recorte sistemático de las conquistas sociales de los trabajadores y las trabajadoras.

El capital especulativo mundial, responsable de la crisis en la que aún se encuentran sumidos Estados Unidos y Europa, sigue usado el endeudamiento como una palanca de dominación, para imponerle a los países acreedores programas draconianos,  de ajuste que han descargado sobre las mayorías sociales, el peso de la solución de la crisis mediante el pecaminoso sistema de socializar la pérdidas y privatizar las ganancias.

PANORAMA NACIONAL: LA REELECCIÓN,  PROYECTO EXCLUYENTE

Para lograr su reelección, tras la derrota en primera vuelta, el Presidente Santos convocó a todas las fuerzas democráticas a respaldarlo,  como una condición para el avance del proceso de paz que se negocia en La Habana.

Dirigentes políticos, partidos y organizaciones sociales, académicos y periodistas, que han expresado severas críticas al modelo económico aplicado por el Presidente Santos en su primera administración, decidieron respaldar su reelección, sólo como apoyo a la continuación del proceso de paz, dejando múltiples salvedades frente a la corrupción que ha campeado en su gobierno y a la política de beneficios ilimitados que el gobierno entrega a las empresas trasnacionales, en especial mineras y petroleras. Otros sectores de la política y la oposición, decidieron no votar, o en blanco, pues consideraron que el tema de la paz, no era más que un gancho utilizado por Santos, pues su interés específico y fundamental era la reelección.

En efecto, el apoyo que logró, permitió su reelección y el país creyó que se produciría un viraje sensible a un modelo más democrático, incluyente y sustentable: la desilusión inicial ha sido grande, pues la provisión de los altos cargos del gobierno, en este nuevo periodo, ha sido totalmente asignada a la maquinaria política, a los hijos de los caciques, a los herederos de las dinastías regionales y a los delegados de los grupos empresariales; al punto que en este país con un 15% de población afrodescendiente, no hay un solo ministro, ni alto dignatario de Estado que  lo sea; ni se ha vinculado al gobierno ninguna figura democrática de alta trayectoria.

El gobierno, que ha sido objetivo de diversas críticas, por el abultado gasto público y el despilfarro en rubros como publicidad y propaganda, se ha apresurado a proponer otra reforma tributaria, en la cual no se toca las exenciones y privilegios que benefician, como siempre, a las grandes corporaciones mineras, monopolios industriales, multinacionales, sector financiero, entre otros tantos, en cambio sí hay la posibilidad de que a futuro, el IVA a los consumidores, suba uno o varios puntos, gravando una vez más a la población consumidora con un impuesto claramente regresivo e impopular.

Al mismo tiempo, se propone una reforma al Estado denominada “Equilibrio de poderes” en la cual, a la vez que se propone eliminar la reelección presidencial y unificar los periodos con alcaldes y gobernadores, se pretende que los entes de control como la Procuraduría, sean asignadas por el ejecutivo: tenemos serios reparos a la labor que la actual Procuraduría ha cumplido al involucrar las creencias religiosas personales del Procurador y las posiciones respecto del aborto, el matrimonio de las parejas del mismo sexo; pero una Procuraduría democrática e institucionalista debe tener plena independencia del ejecutivo, para cumplir con eficacia  su labor.

Como si lo anterior no fuera suficientemente grave, el Presidente de la república tuvo la osadía de recomendar en público, la designación de un contralor afecto a sus intereses, con lo cual estamos llegando a la paradójica situación, de que el ente que controla a quienes manejan los recursos públicos, este en cabeza de una persona propuesta por el poder ejecutivo, lo cual niega la independencia de los poderes y el balance de las ramas del poder público.

Por todo lo anterior, habría que decir que en lugar de haber aprovechado la coyuntura que el gobierno vivió en el momento de la reelección, para refrescar la democracia colombiana, se está produciendo un proceso de reconcentración de poder, en torno a la rama ejecutiva que lidera el Presidente de la República, lo cual resulta del todo inconveniente para la concreción de un Estado moderno.

Mención especial, se debe hacer de los compromisos adquiridos con los sindicalistas y pensionados, que respaldaron su reelección. El presidente-candidato se comprometió, una vez posesionado como nuevo presidente, a presentar un proyecto de Ley al Congreso de la República, mediante el cual los trabajadores y trabajadoras, recuperaran las horas extras y los dominicales arrebatados por Uribe mediante la Ley 789. Este proyecto, que fue anunciado en los primeros días de su mandato, es hoy objeto de una férrea oposición del sector empresarial, argumentando que devolver estos derechos de los trabajadores, pone en riesgo la competitividad empresarial. Aún el proyecto no se presenta al Congreso, como tampoco el que prometió para disminuir los aportes de los pensionados a la salud y dejarlos en igualdad al sector empleador, que fue ampliamente beneficiado por el gobierno de Uribe y el primero de Santos, que decir de las promesas efectuadas  para el sector público y estatal, igualmente incumplidas como ofertas de campaña electoral.

Para completar este pobre panorama de la política laboral del gobierno, cabe señalar el anuncio hecho por el nuevo Ministro del Trabajo, quien una vez posesionado en su nuevo cargo manifestó, que  convocará para los primeros días de octubre la Comisión Nacional de Concertación, para comenzar la discusión hacia la expedición del Estatuto del Trabajo. Ha sido una permanente exigencia de la CUT ese tema, pero el solo hecho de su mención por parte del gobierno, juntándola con la propuesta de la indexación de los salarios. Fue suficiente para que los empresarios expresaran su oposición a dicho proyecto del Ministro, a tal punto que ha tenido que recular y afirmar, para tranquilizarlos, que la propuesta, como en el caso anterior, es inviable por los peligros que engendra para la competitividad del país.

La Organización Internacional del Trabajo, luego de una gran campaña internacional liderada por la CSI y la CSA, con la participación activa  de la CUT, la CTC y la CGT, a través del Comando Nacional Unitario, incluyó a Colombia en la lista de los 25 países, que incumplen con la aplicación de los convenios internacionales adoptados y reconocidos y en ese caso con el convenio 81, por precariedad e ineficacia de la inspección en el trabajo, la derrota al gobierno, luego de que la misma OIT le había señalado que tenía una política en progreso en materia de derechos laborales, es algo que debe estimularnos y reconocer que la CUT y la unidad de acción pueden con objetivos importantes y en esa misma vía, debemos seguir trabajando por la violación a los convenios 87 y 98 para próximas conferencias, máxime si el sector empleador en su mayoría se empeña en excluir el derecho a la huelga de la constitución de la OIT y dejar prácticamente en la inocuidad los convenios 87 y 98. La CUT le ha dicho NO a la presencia de Colombia en el club de los ricos del mundo, la OCDE, ingreso al cual ha solicitado el gobierno de Santos, sin siquiera ruborizarse, cuando las Naciones Unidas, califican a Colombia como el tercer país de mayor inequidad social en América Latina, después de Haití y Honduras y uno de los diez primeros en el mundo. Claro que la hipocresía y el cinismo del capitalismo internacional que convive en la orbe, no le importa esa condición de miseria en Colombia, lo que le importa es que Colombia tiene la tercera economía de mayor crecimiento en la región, y siempre en beneficio de los monopolios de poder capitalista nacionales, multinacionales y que nuestra soberanía nacional la hayan convertido en un terreno baldío sin seguridad jurídica para la denominada libre inversión.

Sólo la presencia de los trabajadores y las trabajadoras  organizadas en el sindicalismo, con la participación responsable y seria de la CUT, que siempre ha estado decidida y comprometida, presidida de la movilización social y la protesta, podrá conseguir que el gobierno salga de su encerramiento elitista, y entienda que el país vive agudas tensiones sociales que requieren la implementación de reformas audaces, que repongan a los campesinos las tierras que les fueron robadas y permita el acceso de la ciudadanía a los espacios de participación política.

Las grandes movilizaciones agrarias, campesinas y estudiantiles como las sindicales, dentro de ellas las del magisterio colombiano, lideradas por nuestra organización afiliada FECODE, produjeron acuerdos y compromisos por parte del gobierno Santos y todas sin excepción, lo único que han recibido es reiterado cinismo argumentado para su incumplimiento o el desvío de los recursos conquistados hacia los gremios, nada representativos, pero eso sí enquistados en el presupuesto, por ejemplo para la tajada de lo rural y agropecuario.

PAZ Y POST-CONFLICTO

Desde el congreso constitutivo, la CUT ha demandado a todos los actores del viejo conflicto armado que por largos años ha vivido Colombia, una solución política  del mismo. Jamás la Central ha creído en la derrota militar de alguno de los actores involucrados en el conflicto. Ese clamor por la solución política nace de la convicción de que la violencia no será jamás el método para lograr las profundas transformaciones que necesita Colombia, pero también, porque los trabajadores y trabajadoras colombianas, históricamente han condenado estas prácticas que atentan, no solo contra el derecho fundamental a la vida, sino porque la experiencia, igualmente muestra, que el poder económico y político empotrado en las esferas del poder, aprovechan los desórdenes propiciados por los agentes de la violencia que se produce, bien al margen  del Estado o desde su interior, para negar  los derechos fundamentales de los trabajadores y trabajadoras, limitar la democracia, justificar la violencia contra las organizaciones sociales y sus dirigentes, e instaurar en ocasiones, verdaderos regímenes de terror, caso emblemático fue la detención del compañero del Comité Ejecutivo Nacional Huber Ballesteros, detenido y encarcelado, por quien hemos exigido su libertad y continuamos exigiéndola en el presente.

El mundo, y particularmente el sindicalismo internacional, conocen el proceso de criminalización que ha sufrido el movimiento sindical colombiano por parte de agentes del Estado, los grupos armados ilegales de todos los pelambres y bandas criminales. Tres mil activistas y dirigentes sindicales asesinados, más de trescientas cincuenta organizaciones afectadas por diversos actos de violencia, trece mil acciones violentas de diversa naturaleza ejecutadas contra el sindicalismo en los último años, hacen del clamor por el cese de la guerra entre el Estado y la insurgencia, una obligación histórica.

Aprovecho la ocasión para reconocerle al sindicalismo internacional, a la CSI y a la CSA, su solidaridad incondicional, su acompañamiento siempre fraterno en los diversos escenarios internacionales a donde los sindicalistas colombianos hemos ido a elevar nuestras denuncias, no solo contra los bárbaros efectos de la violencia sufrida, también por la negación sistemática de los derechos de los trabajadores y trabajadoras por parte de gobiernos y empleadores. Porque, debo decirlo, en Colombia la victimización del sindicalismo se ha propiciado, no solo por la vía de las armas, también por la vía de las normas.

La CUT, respalda el proceso de negociación política al conflicto armado, que se desarrolla en La Habana y exige unos acuerdos que conlleven al cese de la confrontación armada, lo cual permitirá un nuevo escenario que tendrá que vivir el país: donde el reconocimiento y la reparación a las víctimas, lo mismo que la implementación de los acuerdos sean parte de la reestructuración general del Estado hacia una reforma agraria integral, que empiece por la democratización en la tenencia de la tierra, el retorno de los 4 millones quinientos mil desplazados por violencia o abandono del Estado. Una reforma de educación con la participación activa y protagónica el magisterio colombiano, de la academia,  todos aquellos centros de investigación científica que pueden ayudar en verdad a trascender el anacronismo educativo que tiene avergonzada a Colombia en el fuero interno y en el campo internacional. Una reforma a la salud regresándole al Estado, la responsabilidad primaria constitucional, para que cese su utilización como negocio, corrupción o mercancía, una reforma profunda de carácter político que democratice en verdad la participación del pueblo y no se vuelvan a ver en la historia espectáculos deprimentes y vergonzosos como el presentado por el uribismo y el santismo, en una de las recientes cesiones de la Comisión Segunda del Senado, una reforma a la justicia que la rescate de la corrupción y la politiquería que la tiene en franca agonía con consecuencias terribles para la estabilidad nacional, e incluso la soberanía.

La CUT reitera el llamado al gobierno nacional a incorporar al Ejército de Liberación Nacional y al Ejército Popular de Liberación, a las negociaciones de paz, mediante el procedimiento más indicado para asegurar conjuntamente con Las Farc su desmovilización y consecuencialmente desactivación como actores armados ilegales.

Como resultado de la implementación de la Ley 1448, conocida como ley de Víctimas y Restitución de tierras, las centrales sindicales y Fecode, adelantan desde hace varios meses con el auspicio de la Unidad de Víctimas, un proceso hacia la reparación del sindicalismo como colectivo victimizado en el marco del conflicto armado. Este proceso se ha centrado en el último año y medio, en la realización de varios seminarios regionales, en los cuales los asistentes han dedicado sus discusiones a la construcción de los ejes básicos para la formulación de una propuesta de política pública, que  sirva de base para la negociación con el gobierno nacional en la vía de la reparación colectiva al movimiento sindical.

Hay consenso en el sindicalismo, que la reparación debe darse con un enfoque transformador, étnico, territorial y de género, que atienda a la diversidad de las afectaciones sufridas por el movimiento sindical.

Debemos entender como enfoque transformador, la adopción de medidas que eliminen las condiciones estructurales, que permitieron la victimización del sindicalismo y se expidan otras que faciliten  su crecimiento numérico y su reposicionamiento político, como un actor fundamental en la construcción del Estado Social de Derecho, tarea que deberá desarrollarse en el post-conflicto que se avecina.

LA MOVILIZACIÓN SOCIAL EN COLOMBIA 

Como respuesta a las políticas gubernamentales impulsadas durante el primer mandato del presidente Santos, los sectores sociales emprendieron, especialmente durante el 2013 y lo que va corrido del presente año, importantes y masivas acciones de protesta, de tal magnitud por su trascendencia política y el número de participantes, que llevaron al Centro de Investigación y Educación Popular – CINEP a consignar en su estudio “las luchas sociales en Colombia 2013,” que ese año ha sido el de mayor número de movilizaciones en Colombia en la última década. Este mismo estudio registró 1.027 acciones de movilización durante ese año, lo que pone en evidencia que la colombiana, es una sociedad en movimiento con altos niveles de participación ciudadana y “notoria visibilidad de sus actores” sociales,  muy a pesar de lo que en su momento fue la opinión del gobierno en boca del Presidente, quien pretendió desconocer, por ejemplo, la existencia del exitoso paro nacional agrario.

La duración, composición social y la amplia cobertura nacional que estas movilizaciones tuvieron, lo mismo que los altos niveles de solidaridad alcanzados, son otras de las características que tuvo la coyuntura social que el país vivió durante los meses recientes.

En este congreso de trabajadores, rendimos homenaje a los masivos paros agrarios, de pequeños mineros artesanales, camioneros y estibadores de puertos, a los paros laborales adelantados principalmente por organizaciones y trabajadores de la CUT en empresas mineras y petroleras, de madres comunitarias, de los trabajadores de la salud, de la justicia y la educación, a las huelgas y marchas estudiantiles reclamando educación gratuita, pero sobre todo, de calidad, a los paros cívicos de diversas regiones y ciudades exigiendo servicios públicos y construcción de carreteras y a quienes se levantaron para oponerse a la actividad extractiva de los recursos naturales.

Pero quizá una de las características más significativas de la coyuntura que reseñamos, lo constituyó la capacidad de cuestionar políticas fundamentales del modelo de desarrollo del gobierno, lo mismo que del modelo económico vigente. La denuncia de los efectos perniciosos que los tratados de libre comercio tendrán para el país, las trágicas consecuencias medio ambientales de la locomotora minero-energética, diseñada desde el gobierno de Álvaro Uribe y desarrollada por el gobierno de Juan Manuel Santos, la denuncia del abandono del campo y de la ya casi inviabilidad de la pequeña y mediana  economía campesina, la entrega de la multillanura colombiana a los grandes capitales nacionales y extranjeros, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria del país, muestran esa capacidad cuestionadora  señalada más arriba.

Muy a pesar de las decisiones del gobierno de desconocer el impacto y alcance de las movilizaciones, de la represión salvaje de organismos policiales como el SMAD, de las pretensiones de buena parte del empresariado de deslegitimar estas movilizaciones, del  comportamiento nada democrático de los medios masivos de comunicación, las movilizaciones sociales obligaron, casi siempre al gobierno, a convocar mesas de negociación para discutir y pactar acuerdos en torno a las peticiones levantadas por los sectores participantes en ellas, siempre incumplidos.

EL VI CONGRESO 

El presente congreso, a más del tema de la paz, tendrá como ejes fundamentales de debate, el de soberanía, democracia y derechos laborales, los cambios a introducir en la declaración de principios, los derechos de los jóvenes y las mujeres,  las transformaciones en la estructura, la unidad orgánica y la acción de la CUT, el sistema electoral directo, todos, no cabe duda, temas de interés para el presente y el futuro de la central. Por tanto invito a los delegados al congreso a abordar las discusiones y la toma de decisiones con la mayor responsabilidad y el máximo respeto por las opiniones ajenas. Hagamos del congreso un escenario donde la pluralidad aflore, pero que ello, no impida la búsqueda del mayor número de consensos posibles, para que la central salga unida y fortalecida para beneficio de los trabajadores, trabajadoras y el país.

Declaro oficialmente instalado el VI Congreso de la Central Unitaria de Trabajadores.

MUCHAS GRACIAS.

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