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¿Cuánto cuesta salvar el mundo?

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{image}https://cut.org.co/pdf/dpto_internacionales/07_060612.jpg{/image}Cuatro Nobel de Economía creen que con una buena inversión se resolverían grandes retos mundiales.

 

Si tuviera 75.000 millones de dólares para gastar en los próximos 4 años y su objetivo fuera mejorar el bienestar de la humanidad, en especial de los países en desarrollo , ¿cómo le sacaría el máximo provecho a ese dinero?

Un panel compuesto por cinco de los mejores economistas del mundo, incluidos cuatro premios Nobel, se dio a la tarea de responder esta pregunta, en el marco de un proyecto denominado Consenso de Copenhague 2012, que busca ofrecer soluciones a las principales problemáticas globales a través de las más sofisticadas metodologías de análisis disponibles.

Los miembros del panel fueron elegidos por sus conocimientos especializados en la definición de prioridades y por su habilidad para aplicar los principios económicos en el estudio comparativo de decisiones políticas.

Su trabajo consistió en analizar cerca de 40 propuestas de inversión presentadas por un grupo de más de 50 economistas, que realizaron investigaciones sobre cuál sería la forma más inteligente de gastar el dinero a la hora de resolver problemas como los conflictos armados, los desastres naturales y las hambrunas, la educación y el calentamiento global.

A principios del mes pasado, muchos de estos investigadores viajaron a Dinamarca para convencer al panel de expertos del potencial de sus propuestas.

Solo 15% más que ahora

La conclusión del comité de expertos fue reveladora: si se gastaran inteligentemente 75.000 millones de dólares -solo 15 por ciento más de lo que se destina actualmente a ayuda al desarrollo- se resolverían muchos de los grandes desafíos mundiales.

La inversión individual más importante, según el panel, estaría orientada a la lucha contra la malnutrición. Con un desembolso anual de 3.000 millones de dólares se podrían financiar programas para el abastecimiento de micronutrientes -un campo al que se le suele dar poca importancia-, alimentos complementarios, tratamientos para la diarrea y los parásitos y programas de modificación de conducta.

Estas intervenciones, en conjunto, podrían reducir la desnutrición crónica en 36 por ciento en los países en desarrollo. Esto ayudaría a 100 millones de niños a empezar sus vidas sin retrasos de crecimiento provocados por la mala nutrición.

Investigaciones exhaustivas han demostrado que este tipo de intervenciones tendría un efecto positivo en cadena: los cuerpos y los músculos de los niños crecerían más rápidamente, sus habilidades cognitivas mejorarían, pondrían más atención en la escuela y estudiarían más años. En unas décadas, estos niños serían más productivos, ganarían más dinero, tendrían menos hijos y empezarían un círculo virtuoso de desarrollo espectacular.

Del mismo modo, con solo 300 millones de dólares se podría evitar la muerte de 300 mil niños, si se invirtieran en fortalecer el Mecanismo de Medicamentos Asequibles para la Malaria, un programa que permite que los países más pobres puedan acceder a las terapias combinadas a precios bajos.

En términos económicos, según los expertos, el beneficio de esta inversión sería 35 veces mayor que el costo, aparte de que se evitaría la resistencia futura al fármaco actual más efectivo contra la enfermedad. En los próximos meses, los donantes decidirán si renuevan el programa. Los resultados de las investigaciones del panel deberían servir para persuadirlos de que lo hagan.

Con una suma similar se podría desparasitar a 300 millones de niños en edad escolar. Si los menores pudieran librarse de este problema, estarían más atentos, irían más tiempo a la escuela y serían adultos más productivos.

Otras inversiones en salud que respalda el panel de expertos son la ampliación del tratamiento para la tuberculosis y de la cobertura para la inmunización infantil. De igual manera, un aumento anual de 100 millones de dólares en el gasto para desarrollar una vacuna contra el VIH/sida generaría beneficios sustanciales en el futuro.

Como la población de los países en desarrollo está viviendo más tiempo, experimenta cada vez más enfermedades crónicas. En efecto, la mitad de las muertes este año en los países del Tercer Mundo será por esta causa.

Así pues, las investigaciones del panel muestran que con solo 122 millones de dólares anuales se podría completar la cobertura de la vacuna contra la hepatitis B y evitar alrededor de 150.000 muertes anuales debido a dicha enfermedad. Ofrecer medicamentos de bajo costo para ataques cardiacos agudos en los países en desarrollo costaría solamente 200 millones de dólares, y evitaría otras 300 mil muertes.

Los resultados del panel de expertos destacan también la necesidad apremiante de invertir alrededor de 2.000 millones de dólares anuales en Investigación y Desarrollo (I+D) para incrementar la producción agrícola. Esto no solo ayudaría reducir la hambruna -ya que aumentaría la oferta de alimentos y bajarían sus precios- sino también a proteger la biodiversidad, pues una mayor productividad de los cultivos se traduciría en una menor deforestación.

Para actuar contra el cambio climático, los expertos recomiendan gastar una suma relativamente baja -unos mil millones de dólares-, que se destinaría a investigar la viabilidad de enfriar el planeta mediante opciones de geoingeniería. Esto permitiría entender mejor los riesgos de la tecnología, sus costos y beneficios.

Otro asunto en el que es prioritario invertir es en la creación de sistemas de alerta eficaces para mitigar el daño que ocasionan los desastres naturales en los países en desarrollo. Con menos de mil millones de dólares anuales se podrían reducir los daños económicos directos de largo plazo, y posiblemente se asegurarían 35.000 millones de dólares en beneficios.

En resumen, la lista que elaboró el panel de expertos demuestra que hay muchas soluciones inteligentes a la espera de ser puestas en práctica.

Teniendo en cuenta el impacto que tendrían en la vida de millones de personas, podría decirse que 75.000 millones de dólares no es una suma tan alta como parece.

Los expertos

Thomas Schelling

Economista estadounidense, ganador del Premio Nobel de Economía 2005, junto con Robert Aumann. Su libro ‘The Strategy of Conflict’ ha sido considerado uno de los cien más influyentes desde 1945.

Finn Erling Kydland

Economista noruego, ganador del Nobel en 2004, junto con Edward Prescott, por su aporte a la Macroeconomía Dinámica, que estudia la consistencia en el tiempo de las políticas económicas y las fuerzas que impulsan los ciclos económicos.

Vernon Smith

Economista estadounidense, ganador del Nobel, junto con Daniel Kahneman, en el 2002, por haber establecido experimentos de laboratorio como una herramienta en el análisis económico empírico, especialmente en el estudio de mecanismos alternativos de mercado.

Robert Mundell

Economista canadiense, ganador del Nobel en 1999. Su trabajo sobre las áreas monetarias óptimas se considera el armazón básico sobre el que se construyó la zona euro.

Nancy Laura Stokey

Profesora de Economía de la Universidad de Chicago y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

BJØRN LOMBORG
Profesor adjunto en la Copenhagen Business School y fundador y director del proyecto Consenso de Copenhague.

 

 

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