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¿”Pisados por Fecode”? O más bien, ¿“partirle el espinazo a FECODE”?

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María Antonieta Cano, Bogotá, abril 13 de 2014

“Pisados por Fecode” fue el titular que Gabriel Silva Luján escogió para una columna en El Tiempo, el 6 de abril. El título fue apenas el prólogo de un caudal de notas injuriosas contra la Federación Colombiana de Educadores en las que, palabras más, palabras menos, responsabiliza al sindicato y a los maestros del desastre que en materia educativa vive Colombia, reflejado en el deshonroso puesto ocupado en las pruebas Pisa. Vale la pena hacerse un pregunta inicial, ¿de cuándo a acá, Gabriel Silva, connotado funcionario en los gobiernos de Gaviria y Pastrana, exgerente de la Federación de Cafeteros, donde fracasó rotundamente, ministro de Uribe y exembajador de Santos en Washington, caracterizado por la defensa acérrima de los TLC y de la política neoliberal, se preocupa y funge como autoridad en la educación de los niños pobres de Colombia?

Es cierto, la educación colombiana está sumida en una profunda crisis, es un caso diagnosticado ampliamente. En lo que sí hay diferencias y de fondo es en el análisis de las causas de la enfermedad y en el antídoto que se requiere. Para Gabriel Silva, el correctivo es el mismo que “recomendara”, ¡oh, coincidencia!, la Misión Alesina. En el 2000, cuando ya se sabía de las devastadoras consecuencias de una década de apertura económica, Alberto Alesina, economista de Harvard, y una misión financiada por el BID, presentó un informe en el cual las “recomendaciones” centrales se enfocaron en las reformas que requería Colombia para reducir de manera expedita el gasto público social –incluida la educación – y destinar una mayor porción del presupuesto y de la riqueza nacional al círculo vicioso de aumento y pago cumplido de la deuda pública, externa e interna. Los escritos abarcaron así mismo temas como la descentralización, el Banco de la República, las Cortes, el parlamento y las elecciones.

Alesina presenta “recomendaciones” categóricas en materia educativa como. 1) Dividir al magisterio y crear un nuevo régimen laboral acorde con las necesidades de la globalización, para lo cual era indispensable desaparecer a Fecode; 2) Adecuar la ley para recortar la financiación, acelerar la privatización, rebajar los costos del sector empezando por el mayor, los salarios y prestaciones de los docentes. Esto fue lo que se hizo con el recorte a las transferencias de 2001, cuando Santos era ministro de Hacienda, y, más tarde, en 2007. Justo después del recorte a las transferencias, que ha significado más o menos 35 billones de pesos menos para la educación, se expidió la Ley 715 y todas sus normas reglamentarias que, con decretos como el 230,1850, 3020 y el 1278, profundizan la privatización y acaban con los derechos laborales del magisterio.

Además de esto , y en la línea trazada por la misión Alesina, se ha implementado la fusión de escuelas y colegios; el debilitamiento o cierre de jornadas nocturnas; la supresión de jornadas escolares; el hacinamiento de los alumnos en las aulas; la abolición del inglés y la informática en primaria; la supresión de artes, deportes, danzas y teatro —lo que impide la formación integral de los alumnos—; la entrega de colegios públicos en concesión al sector privado; la reducción del preescolar a un año y los intentos por sustraer la educación media de la financiación nacional.

También, con los Decretos 1850 y 3020, se aumentó la jornada laboral y la asignación académica de los profesores con la supresión de más de 35 mil plazas en la nómina nacional soportada en la sobrecarga laboral impuesta. El Decreto 230 de promoción automática acabó con la poca calidad y, aún más grave, con la imposición de los estándares y competencias desde el Ministerio de Educación y los exámenes del ICFES y las pruebas SABER tienen al borde de la desaparición a la autonomía escolar. La “recomendación” de Alesina -de dividir al magisterio- se concretó con el inicuo decreto 1278, que acaba con la estabilidad laboral y congela los salarios, bien sea por alzas por debajo de la inflación, bien por carencia de disponibilidad presupuestal para los ascensos o bien por pérdida de la evaluación de competencias.

Y de los salarios que trasnochan a Silva y sus amigos hay que decir que el magisterio ha visto cómo su salario real ha bajado durante los últimos 13 años con una pérdida de más de 15% de su poder adquisitivo y es uno de los más bajos del planeta. Según la OCDE, mientras un docente de Japón o Corea gana por una hora de trabajo alrededor de 85 dólares y a uno de Estados Unidos 45, a los docentes nacionales nos pagan de cuatro a doce dólares. Datos que nos ubican también por debajo del promedio latinoamericano, de países como Argentina, Chile y México.

Silva Luján es portavoz de aquellos que le cobran a Fecode 55 años de lucha en defensa de la educación pública, de las condiciones laborales y profesionales del magisterio colombiano y de una pedagogía al servicio del desarrollo del país. La Federación fue capaz durante muchos años, no solo de contener las intentonas contra la educación y los educadores, sino también de lograr con paros y movilizaciones importantes victorias que dieron origen al Estatuto Docente en 1979, al Fondo de Prestaciones Sociales en 1989 y a la Ley General de Educación en 1993. Fueron luchas que cobran hoy renovada actualidad frente a un gobierno empecinado en arrasar la educación pública y los derechos laborales. Si algún reparo puede tener Fecode es que después de haber perdido la lucha contra el recorte a las transferencias en 2001, no ha logrado una cohesión suficiente para contener el neoliberalismo de la última década y media.

Por el artículo de Silva se puede conocer la política educativa que impulsará Santos en su segundo mandato, si es que llegara a ocurrir: “Doblarle”, aún más, “el espinazo a Fecode”, El nombrado estudio de Compartir, “Tras la excelencia docente”, sigue la misma senda: desconoce todas las regresivas medidas neoliberales para caer sobre el magisterio y los pocos derechos que le quedan. Claro está, si los docentes dejamos. Los maestros estaremos en el contingente que dirá, ¡basta ya! a más neoliberalismo en la educación.

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