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Policías bolivianos mantienen posiciones tras fracaso de diálogo

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{image}http://eldia.co/images/stories/220612/001.jpg{/image}La Paz, 23 jun (PL) El motín policial continúa hoy en Bolivia luego de fracasar el diálogo iniciado la víspera por falta de acuerdo entre los uniformados y el Gobierno, a pesar de que se acercaron posiciones en lo referente al aumento del salario.

El Gobierno ofreció elevar el sueldo mínimo de los agentes hasta los dos mil bolivianos (unos 287 dólares), pero luego de siete horas de negociaciones todo quedó en punto muerto, por lo cual se esperan hoy nuevas protestas de las fuerzas policiales.

La razón fundamental de la falta de consenso fue la variación de las peticiones de los amotinados, quienes primero exigían la nivelación de sus salarios con las de los militares y luego una jubilación con el 100 por ciento de su último cobro, pero después de los destrozos ocasionados, cambiaron de parecer.

Los causantes de la revuelta provocaron daños de consideración en diferentes dependencias policiales, incluido el Ministerio de Gobierno, y entre cosas, quemaron documentos, computadoras y muebles. Estos incidentes hicieron cambiar el hilo de las demandas y convirtió en prioridad la derogación de la Ley 101 del Reglamento Disciplinario, con la intención de que los culpables no sean castigados.

La posición de los policías fue censurada por los movimientos sociales y la población, luego de una jornada en la cual varias de las principales ciudades del país permanecieron sin protección, al mismo tiempo que cerraron los bancos y otras dependencias, que habitualmente controlan los agentes del orden público.

La revuelta comenzó al mediodía de este jueves, cuando unos 30 agentes encapuchados y 10 de sus esposas tomaron por la fuerza la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (Utop), aledaña a la Cancillería, y a apenas un par de centenares de metros del Palacio de Gobierno y la Asamblea Legislativa.

Al principio no pasaban de unas 40 personas, pero el viernes en la tarde el número creció, incluso realizaron una marcha de unos 150, con pasamontañas, por varias calles capitalinas, en tanto otros se apostaron con armas largas encima de alguna de sus propias dependencias.

A los amotinados se sumaron otras personas, quienes incitaban a continuar con el saqueo de otras instituciones, aunque los líderes de la revuelta pudieron mantener la calma con llamados a la cordura.

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