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Por la defensa del ICBF y el SENA: rechacemos la reforma tributaria

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{image}http://imagen.eldia.co/cache/logos/cut_595.jpg{/image}Más del 90% de los colombianos debe sopesar las privaciones contenidas en el proyecto de reforma tributaria, manifestar cumplidamente su rechazo y percatarse de que uno de los muy “avezados” protagonistas del escándalo de Dragacol, Mauricio Cárdenas , es el personaje ideal para que, en medio del absorbente interés público en las conversaciones por la paz con las FARC, coordine la imposición de estas nuevas iniquidades.

Reproduciendo las añejas mentiras que han servido para justificar las reformas laborales del período iniciado en 1990, en el que el capital transnacional se erigió como amo y señor de Colombia, los voceros oficiales afirman que las modificaciones proveerán un millón de empleos para enjugar las altas tasas de desocupación que no bajan de dos dígitos, pese a la manipulación en las mediciones. Rebajar los costos laborales, suprimiendo los aportes parafiscales podrá, a lo sumo, poner de buen humor a algunos empresarios como al presidente de Electrolux, quien afirma que: “su empresa solo contrata cuando el mercado lo requiere, y los impuestos no son una variable directa”. Así las cosas, para el empresario la reforma será más lucrativa.

Los empresarios nacionales sucumben por miles ante el alud de mercancías foráneas, desatado en forma desmedida con los Tratados de Libre Comercio; la clave para explicar sus desventuras estriba principalmente, en el reconocimiento de la pérdida de nuestro mercado interno y en la desbordada usura financiera. ¿No están en manos de las transnacionales las principales empresas que en el pasado constituyeron muestras de nuestro intento de desarrollo autónomo? ¿No creció la productividad laboral de 2001 en adelante, en 2.64%, en contraste con el crecimiento de los salarios que no superaron el 1.68%? La rebaja de los tributos para las grandes empresas se calcula en casi $8 billones. De plácemes se encuentran especialmente las multinacionales vinculadas a la industria minero energética, con cuyo apogeo, retornamos al pasado colonial.

EL ICBF, el SENA y parte de los recursos para la salud de los trabajadores, dependen fundamentalmente de los aportes parafiscales que se distribuyen en 3%, 2% y 8.5% respectivamente, para un total de 13.5%. Sin esta fuente que por su normativa, es segura, oportuna, autónoma y especifica, se les sentencia a una muerte lenta e inexorable.

El ICBF, mediante 45 programas cubre aproximadamente 9 millones de niños, escolares, adolescentes, jóvenes, ancianos y familias que son atendidos en procesos de restablecimiento de derechos, Hogares Infantiles y Comunitarios, Jardines Sociales, programas alimentarios, Hogares Sustitutos, internados y seminternados, aliviando sus vicisitudes. Su presupuesto, en este año, asciende a más de $4 billones. Nadie discute su benéfico papel en la sociedad desde su creación en 1968.

El SENA, desde hace 55 años, cumple con la formación de millones de colombianos en las áreas técnica y profesional, que ha permitido el vínculo laboral y el surtimiento de mano de obra calificada al espectro productivo y empleador en Colombia. Desde su nacimiento, teniendo en cuenta su especialización y la aceptación de sus programas, hace parte del patrimonio educativo de la nación.

Los $ 6.7 billones que se recaudan hoy, como fruto del trabajo, para el ICBF, el SENA y la salud, no pueden ser garantizados, con la CREE – Contribución Especial sobre la Renta para la Equidad -, afectando solamente las ganancias de las empresas, por demás volátiles y sometidas al escamoteo de los duchos financistas; tampoco podrá el Estado asumir la financiación de estas instituciones, con un hondo déficit a cuestas y con la regla fiscal como norma prohibitiva para la inversión social.

Quien mejor retrata la trastada es el propio Cárdenas, que ante el requerimiento sobre las fuentes de financiación sucedáneas afirmó: “estamos haciendo todas las cuentas para responder esa pregunta, lograr ganar por unos lados para sacrificar por otros (sic)”.

Los perjuicios sociales se ensanchan: mientras se les rebajan los tributos a las grandes empresas en $5.83 billones, los de las personas se incrementarán en $4.69 billones, a los salarios se les clasifica como renta, casi pecaminosa; hasta el almuerzo corriente se castiga, el IVA adquiere nivelaciones hacia arriba, en tanto que los impuestos a las herencias disminuirán de 33% a 10%, beneficiando ostensiblemente a las más cuantiosas.

En la defensa del ICBF y el SENA deben converger todos los colombianos; la patraña contra casi toda nuestra sociedad, que tan solo beneficia a las multinacionales, y a menos del 5% de la población, le confiere a las protestas la fuerza necesaria para que el gobierno reverse las medidas tributarias en cierne. Recordemos que el actual Presidente, en medio de los apuros electorales, se comprometió a respetar los recaudos parafiscales para garantizar la existencia de estas instituciones, haciendo uso de la inveterada costumbre de mentirles a los electores, para asegurarse los respaldos necesarios.

Los trabajadores del ICBF y del SENA, estudiantes y comunidades emprendimos y mantenemos con decisión democrática las movilizaciones en procura de defender el patrimonio de la nación y también expresamos nuestra solidaridad con ASONAL en sus legítimas reclamaciones.

MARTES 30 DE OCTUBRE, TOMA DE BOGOTÁ Y ENTREGA DEL MILLON DE FIRMAS AL CONGRESO, PIDIENDO SE ARCHIVE EL PROYECTO DE LEY 166C y 134S de 2012.

FRENTE POR LA DEFENSA DE LA PARAFISCALIDAD

SINTRABIENESTAR, SINDESENA, SINTRASENA, CJT Y COES,
CUT, SINTRACIHOBI, USTRAHBIN, SINTRAHOINCOL, SINTIES.
Bogotá, octubre 26 de 2012

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