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Seminario 50 años de Anebre. Visiones encontradas sobre el papel que cumple el Banco de la República

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Agencia de Información Laboral

Como parte de la conmemoración de los 50 años de existencia de la Asociación Nacional de Empleados del Banco de la República, Anebre, en días pasados se realizó en la biblioteca Luis Ángel Arango un seminario internacional en el que se debatió el papel que en el mundo —y particularmente en Colombia—, cumplen los bancos centrales, y su incidencia en la democracia y el desarrollo económico y social.

Como se sabe, la corriente de pensamiento neoliberal dominante en los años 80 y 90, con el respaldo de los organismos financieros internacionales, impulsó reformas a los bancos centrales con el fin de independizarlos de los gobiernos y blindarlos de presiones políticas, así como mantener la estabilidad del sistema financiero evitando pánicos mediante apoyos transitorios de liquidez en momentos de crisis financieras. Todo eso bajo la premisa de que una inflación baja y estable es condición necesaria para el crecimiento económico sostenido y la generación de empleo.

La organización del seminario estuvo a cargo de Anebre, Fenasibancol, Uneb, Uniglobal y el mismo del Banco de la República, que facilitó su auditorio. Como expositores en el foro central participaron destacados economistas, como José Darío Uribe, gerente del Ban-República; Eduardo Sarmiento Palacio, director del Centro de Investigaciones Económicas de la Escuela Colombiana de Ingeniería; Armando León, exdirector del Banco Central de Venezuela; y por Anebre intervino Jaime Martínez Mora.

Y en otro panel académico, en el que la reflexión giró en torno a si el actual modelo de banca central corresponde al modelo de democracia participativa que promueve la Constitución del 91, intervinieron Daniel Libreros C., docente de la Universidad Nacional; Pascual Amézquita, de la Sergio Arboleda; Salomón Kalmanovitz, profesor de la Jorge Tadeo Lozano; y Ernesto Palomeque, directivo de la Asociación de Empleados Bancarios de Uruguay, algunos defensores del modelo neoliberal y otros contradictores.

El siguiente es el resumen de las exposiciones de algunos de los panelistas:

Jaime Martínez Mora, directivo de Anebre: 

Mientras el mundo vive un oleaje de reformas que hacen participe a la ciudadanía de las decisiones que la afectan, el modelo de banca central independiente excluye del debate democrático la política monetaria y cambiaria. De ahí que Martínez Mora critique el que sea una elite de genios educados en prestigiosas universidades y estudiosos de la teoría monetarista la que opine y decida sobre los instrumentos de política económica, bajo el supuesto de que son temas demasiado elevados para el vulgo.

Tampoco comparte una política monetaria que tenga como único objetivo la reducción de la inflación, y propende en cambio por un modelo que genere empleo digno, estabilidad económica y beneficie a los sectores menos favorecidos, que son la inmensa mayoría de los colombianos.

Pese a que el Banco de la República pone en igualdad de condiciones la inflación, el crecimiento económico y el empleo, es reiterativo en que debe primar el control de la inflación y la estabilidad de precios sobre los otros objetivos. Y en ese orden de ideas Anebre reconoce que la entidad ha cumplido el mandato constitucional del control de la inflación: la redujo del 26,8% en 1991 a 1,94%  en 2013, y en los últimos 6 años la tuvo por debajo del 4%, también es cierto que no ha logrado tasas de crecimiento suficientes para reducir significativamente el desempleo y la informalidad laboral. En 2013 el país tuvo la mayor tasa de desempleo en América Latina: 9,6%.

La pregunta es entonces: ¿no podría establecerse una meta de inflación más alta y así generar condiciones que conlleven a mayores tasas de crecimiento, cree más puestos de trabajo decente y reduzca las brechas en la distribución del ingreso? La respuesta es compleja, si se tiene en cuenta que los bancos centrales agencian una política salarial derivada de la ortodoxia monetaria que equivocadamente sostiene que los salarios son inflacionarios, y entonces tratan de imponer el argumento de que es mejor congelar o realizar leves aumentos en los salarios para prevenir brotes inflacionarios.

Para Anebre el gran reto de la ortodoxia monetaria del Banco de la República es demostrar que una baja inflación sí genera las condiciones para un crecimiento económico estable y sostenido, trabajo decente y coadyuva a disminuir la desigualdad de ingresos existente en el país. Porque, en últimas, es el bienestar general de todos los colombianos el que legitima la eficacia de la política económica.

Eduardo Sarmiento Palacio, economista:

Este panelista fue particularmente crítico del papel que han jugado los bancos centrales. Empezó recordando los estragos que la política monetaria inspirada en los economistas de la universidad de Chicago ha provocado en el mundo. Produjo el colapso del sistema en Asia en 1977; en Colombia en 1999 precipitó la recesión más severa de nuestra historia; después la crisis se extendió a otros países de América Latina y en el 2008 llegó a Estado Unidos y en el 2010 a Europa. Al respecto agregó:

Tenemos un banco central que le da prelación al control de la inflación sobre cualquier otro objetivo, y para ello tiene dos medios: subir las tasas de interés y hacer revaluación. Este esquema no funciona muy bien. Se demostró que la teoría de una política monetaria contractiva es un fracaso. Algo baja la inflación, pero con un efecto grande sobre la producción, el empleo y el bienestar social.

La Corte Constitucional conceptuó que el objetivo de la política del Banco de la República no puede ser solo la inflación, sino que tiene que contemplar también la producción, el empleo, la balanza de pagos, estabilidad del sistema financiero y el bienestar de la población. Y para lograr esos objetivos no puede actuar autónomamente, necesita coordinarse con el resto de la política económica. Pero el Banco no lo hace, sigue actuando igual, e incluso fue más lejos: adoptó el sistema de inflación objetivo, que es un piloto automático que le da prioridad a la inflación sobre cualquier otro objetivo.

Lo que ha habido —dice Sarmiento— es que los países bajo cuerda violan el sistema de tasa de cambio flexible: Estados Unidos abiertamente utiliza la política monetaria para devaluar el dólar; China interviene el tipo de cambio para mantener paridad con el dólar; y todos los países utilizan el dinero para influir en el tipo de cambio. Además bajan salarios, hacen devaluación para reducir los déficits en cuenta corriente o aumentar el superávit.

Para este economista la consecuencia clara de la represión monetaria del Banco de la Republica ha sido la revaluación del tipo de cambio, que redujo la participación de la industria y la agricultura en el producto nacional.

En su concepto, para bajar un punto la inflación no se puede condenar al país a depender de la minería y los servicios y dejar de lado la industria y la agricultura. En este momento los productos colombianos son más caros que en el resto de países, tenemos un déficit de cuenta corriente del 4%, que es de los más altos en el mundo, y hemos configurado un perfil productivo dominado por la minería y los servicios, en el que la mejoría de los ingreso de la gente se da por el abaratamiento de las importaciones. El sistema financiero está desbordado en sus ganancias, mientras el coeficiente de Gini se mantiene en 0.56, que califica a Colombia entre las 5 países más desiguales del planeta.

Y lo más dramático, a su juicio, es que ha configurado una estructura económica en contra del salario real, lo que explica el deterioro de la distribución del ingreso. El crecimiento económico de los últimos 20 años es tremendamente inequitativo. Con la revaluación ganaron más los ricos, que importaron maquinarias, compraron más baratos los bienes de sus empresas y los bienes suntuarios, rebajando así la mano de obra y sustituyendo el empleo.

Hizo un serio cuestionamiento al modelo económico y a la estructura de progreso, que se hace en favor de los que tienen más. El 50% más pobre de la población obtiene aumentos de ingresos de no más del 2%, mientras el producto nacional per-cápita crece más del 4% y la rentabilidad del capital crece hasta el 15%. O sea que el salario sube menos que el ingreso promedio de la economía, y así el coeficiente de Gini se desmejora porque aumenta la participación de los ricos en el ingreso.

¿Qué habría que hacer entonces con el Banco de la República? Cambiarlo, porque está montado sobre una teoría equivocada, señaló Sarmiento Palacio. Según él, se requiere un banco que actúe sobre diferentes objetivos y en coordinación con el conjunto de la política económica. Debe tener una autonomía del gobierno, pero de ninguna manera una autonomía en la orientación de la economía. 

José Darío Uribe Escobar, Gerente General del Banco de la República:

En su intervención respondió a las críticas que los otros panelistas hicieron sobre el modelo que sigue el Banco de la República. Señaló que la estabilidad de precios es un derecho de los colombianos avalado por la Corte Constitucional, y es un deber del Estado garantizarla a través del banco central. Pero que ese no es su único objetivo. El banco no es indiferente a temas distintos a la inflación, como el empleo, el crecimiento y la distribución del ingreso. Su papel es controlar los precios, pero al mismo tiempo contribuir a que la economía crezca de manera sostenida.

Aclaró además que la estabilidad de precios no es función exclusiva del Banco de la República, también es responsabilidad el gobierno, para lo cual tiene mecanismos de coordinación con el Banco, con el que debe definir una meta cuantitativa en coordinación con la política económica general.

Señaló como el gran logro del Banco de la República los resultados obtenidos en la década 2003-2013, que es, de lejos, el período en el que la economía del país ha tenido su mejor desempeño en términos de combinación entre inflación y crecimiento. En ese periodo la inflación cayó del 30% de la década del 90, a un promedio menor del 3% en los últimos 6 años. Y eso pese a la crisis que han tenido algunos países de América Latina y a la crisis financiera internacional que reventó en el 2008.

También la tasa nominal de interés ha venido cayendo en los últimos diez años. Comenzó este siglo en el 20% y terminó cerca del 10%; y la tasa real, que empezó en 10%, ahora está en 5%. En el 2009 el crecimiento de la economía colombiana fue 1.7%, que es bajo, pero significativa en un mundo en el que la inmensa mayoría de países tuvieron crecimientos negativos.

Señaló asimismo como otro logro importante del Banco el haber eliminado la posibilidad de emisiones monetarias con las que los gobiernos de turno financiaban déficits fiscales, la causa principal de las altas inflaciones que había antes de que la Constitución del 91 estableciera la independencia total del banco central.

Ernesto Palomeque, sindicalista de Uruguay:

Directivo de la Asociación de Empleados Bancarios de Uruguay.

En Uruguay el banco central funciona con una independencia relativa. Si bien tiene independencia técnica, administrativa y presupuestal, sus decisiones más importantes tiene que coordinarlas con el Ministerio de Economía, que es el que termina teniendo la última palabra. Los roles específicos del Banco Central hoy son comandar la política monetaria, controlar el sistema financiero, y supervisar el sistema de pagos.

La discusión que se ha dado en este seminario es muy buena porque variables como la inflación, el empleo, la productividad, el crecimiento del PIB, tienen que ver con la democracia como un sistema que tiende a buscar la igualdad de los ciudadanos.

Publicado 20 agosto de 2014.

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