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UN TRATADO PARA COMPRAR NO PARA VENDER

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Guillermo Rodríguez Villegas, Vocero, Grupo Proindustria

Bogotá, 22 de mayo de 2014

Cuando se advierte en gran parte de la opinión pública un consenso acerca de la inconveniencia de hacer acuerdos comerciales “a la bartola”, el Ejecutivo sigue insistiendo a ultranza en las bondades de un tratado de libre comercio nada menos que con la República de Corea del Sur, país que nos supera en desarrollo y que sin convenios comerciales viene vertiginosamente apoderándose de un mercado donde está desplazando  toda nuestra manufactura.

Basado en estudios y análisis serios, el Grupo Proindustria viene trabajando en conjunto desde hace tres años con las centrales obreras, algunos políticos, la academia y organizaciones independientes del pensamiento, en la difusión de las razones por las cuales a Colombia definitivamente no le conviene hacer  tratados comerciales con países que sólo pretenden vendernos sus excedentes industriales y que como anzuelo nos ofrecen convertirse en compradores de productos del agro que no tenemos, para satisfacer una masiva demanda internacional, en la cual tampoco podemos competir.

Lo grave de todo este enredo es la posición absolutamente radical del Ejecutivo que solo acepta las razones de quienes están de acuerdo con su obsesión y que se niega a sopesar los argumentos presentados por quienes van a sufrir más duramente las consecuencias de su obstinación, al firmar tratados como si se tratara de superar algún tipo de récord Guinness. Esos dolientes inmediatos no serán las grandes empresas que ante la competencia asimétrica de los asiáticos se convertirán en importadores de los mismos artículos que ahora producen. Los primeros y más duramente afectados serán los trabajadores de la producción que quedarán en la calle y los pequeños empresarios que por obvias limitaciones económicas no lograrán convertirse en comercializadores de los productos extranjeros.

Pero el gran perdedor será toda Colombia porque se quedará con un gran lastre de desempleo, miseria e inseguridad, con su industria convertida en grandes superficies de comercio y salones de servicios, recibiendo y gastando divisas provenientes de la exportación de sus recursos naturales no renovables y alejándose en progresión geométrica de la primera fila del adelanto tecnológico.

En los contactos que ha hecho el Grupo Proindustria con políticos de diferentes tendencias se ha notado por sus actitudes, que la mayoría de los mismos ya tienen una posición preconcebida favorable a la aprobación de los tratados, aun antes de los debates y las audiencias públicas, hecho que hace parecer  que no oyen al pueblo sino que están obedeciendo órdenes de un supuesto nivel jerárquico superior. Es una lástima que la separación de los poderes establecidos en la Constitución solo exista para unos pocos legisladores que sí dan crédito a las necesidades de los ciudadanos que representan.

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