Unidad, movilización y lucha contra el fascismo y en defensa de la democracia, la soberanía y los derechos de los trabajadores, las trabajadoras y el pueblo
Bogotá, 9 y 10 de septiembre de 2026.
EE.UU. convertido en una superpotencia después de la Segunda Guerra Mundial y en una potencia hegemónica después de la caída de la URSS, atraviesa en la actualidad una nueva etapa en la que intensifica su agresión política, militar y económica y de injerencia en los asuntos internos de otros países, particularmente en América Latina. Sin embargo, a pesar de continuar siendo la principal potencia militar y nuclear, con cientos de bases militares alrededor del mundo, ha sufrido fracasos significativos en el intento de alcanzar sus objetivos militares en Irak y Afganistán y de desestabilizar a Rusia utilizando a Ucrania y, más recientemente, de forma evidente en su campaña contra Irán. Su accionar autoritario respaldado con la fuerza militar se refleja en el apoyo al genocidio de Israel contra el pueblo palestino en Gaza, el reconocimiento a su apoderamiento ilegal de los Altos del Golán y la migración por Ceuta y Melilla, aliado con Israel y Marruecos para incorporarlas a este último y poder controlar el tráfico marítimo del estrecho de Gibraltar.
El nuevo rostro del imperialismo norteamericano es una respuesta a su declive político y económico, al ascenso económico de China y de los BRICS, que ahora rivalizan e incluso superan a EE.UU. para combatir a China, Trump actúa de manera agresiva, utilizando su poderío militar mientras intenta recuperar la supremacía en un mundo cada vez más multipolar; para el efecto, no ha dudado en mostrar desprecio por las Naciones Unidas, por la Corte Penal Internacional, por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y por cualquier principio del derecho internacional.
En este nuevo contexto geopolítico, la idea del libre comercio, defendida durante décadas por Estados Unidos, ha sido progresivamente abandonada, en parte como respuesta a la crisis financiera, las pandemias y los conflictos geopolíticos. En su lugar, EE.UU. ha retomado políticas proteccionistas a través de la imposición de aranceles, orientadas a fortalecer su mercado interno. Esta orientación restringe el acceso de las economías latinoamericanas a los mercados estadounidenses, impone nuevas barreras tecnológicas y exige una alineación política más explícita de la región. La utilización de los aranceles como estrategia de subyugación también se aplica con dureza a China y a todos los países que han incrementado su comercio con este país, que forman parte de los BRICS o que son ajenos a sus intereses hegemónicos.
El giro de Donald Trump hacia un proteccionismo nacionalista y la subordinación de América Latina a los intereses, se cristalizó en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025. Esta estrategia redefine la región como un espacio subordinado a los intereses de Estados Unidos, enfatizando en la seguridad fronteriza, el control migratorio, el intento de contención de China y los BRICS, y la defensa de recursos estratégicos. El documento reorienta las prioridades de Washington hacia el hemisferio occidental.
Al mismo tiempo, Washington continúa con su política de décadas de intervención directa en América Latina, camuflada bajo el sofisma de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, la defensa de la democracia, los derechos humanos y el control migratorio, mecanismo utilizado durante décadas. En lo que va de su segundo mandato, la administración Trump apresó violentamente al presidente venezolano Nicolás Maduro, hizo acuerdos con el chavismo, se acaba de apoderar de 65 mil millones de barriles de petróleo de sus reservas, inició guerras arancelarias contra sus principales socios comerciales en América Latina, amenazó con “recuperar el canal de Panamá, apoderarse de Groenlandia y anexarse a Canadá”.
Ante el desarrollo chino del puerto de Chancay en Perú, respondió estableciendo una base naval cercana. En el caso de Cuba, después de años de estrangulamiento económico, campañas de sabotaje, invasiones y sanciones, ha intensificado su propósito de cambio de régimen, con un cerco energético que lleva más de 200 días, el cual se puede calificar como un genocidio contra el pueblo cubano, bloqueando el funcionamiento de hospitales, plantas potabilizadoras de agua, bombeo de la misma, sistemas de refrigeración de alimentos y medicamentos, el transporte y funcionamiento de las escuelas, acompañado de medidas como el cierre de remesas, destrucción del turismo, bloqueo de las compras de petróleo y sanciones a las empresas extranjeras que hagan negocios con este país. Adicionalmente, creó el mal llamado “Escudo de las Américas”, una coalición militar de corte fascista para reducir la influencia de China en América Latina y tener el aval para profundizar su intervencionismo e incursiones militares en aquellos países cuyos gobiernos no se sometan a los intereses yanquis con el mismo sofisma de la lucha contra el narcotráfico, la migración ilegal y el crimen organizado.
En este escenario, con la consigna de que gobernaría con los “nunca”, destripar a la izquierda, combatir la corrupción e imponer la seguridad, fue electo fraudulentamente Abelardo De la Espriella por un estrecho margen, apoyado por el movimiento ciudadano “Defensores de la Patria”, el ultraderechista “Salvación Nacional” y el Centro Democrático, entre otros. La injerencia de los Estados Unidos en su elección fue clara y abierta.
De la Espriella no renunció antes de su posesión a la nacionalidad americana a pesar de la exigencia de amplios sectores de la sociedad colombiana y de las graves implicaciones que eso tiene para la soberanía nacional; asumir la nacionalidad gringa es jurar “fidelidad absoluta a los intereses de esa nación” por encima de los de nuestro país.
Esto explica sus decisiones y anuncios: la nómina de ministros concordante con su ideología trumpista es de la más clara estirpe neoliberal, encabezada por su vicepresidente José Manuel Restrepo, al igual que sus anuncios: sometimiento a EE. UU. en lo económico, lo político y lo militar, adhesión al llamado Escudo de las Américas, relaciones con el gobierno genocida de Israel y reconocimiento de su apoderamiento de los Altos del Golán, alineamiento con los sectores más conservadores, autoritarios y de la derecha internacional.
En el contexto interno: eliminación del impuesto al patrimonio sin dejar claro a qué sectores les va a trasladar su valor, fortalecimiento de Ecopetrol sin clarificar que no va a ser bajo criterios de privatización; y utiliza el fracking a pesar del debate y los interrogantes que pesan sobre esta fórmula de extracción petrolera, profundización de los Tratados de Libre Comercio, reducción del Estado en un 50%, lo cual podría significar el despido de unos 700 mil funcionarios, volver a la aspersión aérea para combatir los cultivos de la hoja de coca, cerrar la puerta a la búsqueda de acuerdos de paz con la insurgencia y, en general, medidas que son un verdadero atentado al Estado social de derecho, al respeto a la libertad de prensa según lo denunció la FLIP y a las libertades democráticas.
Todo lo anterior está rodeado desde tiempo atrás por una campaña contra el movimiento sindical y social, los trabajadores del Estado y del sector privado, los maestros y contra FECODE, contra los derechos de los trabajadores y sus logros en gobiernos anteriores. A ello se suma el peligroso intento de este Gobierno y su gabinete de eliminar de los documentos y del lenguaje institucional palabras como “niñas” y “campesinado”, desconociendo identidades, derechos conquistados y sujetos de especial protección constitucional; todo auspiciado por los sectores más retardatarios que no aceptan que además de defender los derechos laborales defendamos también la libertad sindical, la producción nacional, la soberanía, la vida y la paz.
A poco más de un mes de la posesión como presidente, este gobierno ha cumplido fielmente con todos los mandatos políticos, económicos y sociales del imperialismo yanqui, tanto en lo nacional como en lo internacional, y ha copiado políticas similares a las implementadas por Donald Trump en su país y a nivel internacional. Veamos: el ingreso de Colombia al “Escudo de las Américas”, la recomposición de las relaciones diplomáticas y comerciales con el genocida Gobierno de Israel, la autorización de operaciones militares conjuntas en suelo colombiano con fuerzas yanquis, el compromiso en la adquisición de nuevo armamento bélico a Estados Unidos, como drones con capacidad de disparar misiles de alta precisión y con larga autonomía de vuelo y la compra de 100.000 fusiles de asalto M4-A1, el anuncio de deportar a migrantes irregulares en el territorio nacional, la declaratoria de guerra cultural no solo a la población LGBTIQ+, sino también a la oposición política, el anuncio de retirar a Colombia de la Corte Penal Internacional (CPI), la revocatoria de la resolución que declaraba como reserva natural 1.500 hectáreas en la microcuenca de la quebrada La Baja, cerca del páramo de Santurbán, la prórroga a la empresa Anglo Gold Ashanti para continuar con el proyecto minero en Jericó, Antioquia, y todas las acciones que atentan contra la vida y la biodiversidad.
Lo anterior demuestra la genuflexión de este gobierno al imperialismo yanqui, lo que merece y requiere con urgencia la conformación de una gran alianza o convergencia política y social de la izquierda y los sectores democráticos, para poder confrontar al imperialismo yanqui y a este gobierno fascista, neoliberal, que representa a los gremios que vociferan por un capitalismo salvaje, que arremete contra los derechos y libertades democráticas del pueblo colombiano. Lo anterior demanda de las organizaciones sociales, los partidos políticos de izquierda, progresistas y demócratas y sus direcciones, retomar el rol para el cual fueron conformadas y elegidos sus representantes, que es la defensa de los derechos del pueblo, la soberanía y la independencia, mediante la movilización social y la lucha directa de masas.
No menos importante es la situación que viven múltiples regiones del país a causa del terremoto del 10 de agosto, los incendios forestales e inundaciones producidas por fuertes lluvias. Esto ha llevado a la declaratoria de emergencia económica, social y ecológica para implementar algunas de las propuestas del programa de gobierno a través de decretos con fuerza de ley, en beneficio del gran capital y los empresarios y en detrimento de los intereses de la población trabajadora y el pueblo. La CUT no permitirá la eliminación de derechos; demanda la reconstrucción urgente, segura y digna de las instituciones educativas y las viviendas de la población afectada.
Para enfrentar esta situación, la CUT ratifica su oposición al actual gobierno y, en este sentido, asumirá la iniciativa de consolidar un frente de la mayor amplitud posible con el movimiento sindical, organizaciones sociales y fuerzas políticas en defensa de la vida, la soberanía nacional, la democracia, la paz y contra cualquier medida de corte fascista como expresión de una gran convergencia en defensa de los derechos humanos, el Estado social de derecho, las reformas y conquistas de los trabajadores y del pueblo colombiano, los cuales defenderá mediante la movilización social.
La Central mantendrá en alto la consigna del estatuto del trabajo, elaborará su propia propuesta, la cual estará abierta a discutirla con diversos sectores y no respaldará aquella que no haya sido producto del debate con el movimiento sindical y la CUT como representante de las y los trabajadores. Por su parte, rechazamos enfáticamente el decreto 1384 de 2026 expedido por el gobierno nacional, en donde se da la suspensión unilateral de los concursos de méritos, que evidencia una vez más su desprecio al diálogo social.
La CUT impulsará y exigirá la plena aplicación del tripartismo y el diálogo social y se hará partícipe de las distintas convocatorias que las organizaciones sociales, políticas y sindicales hagan en la búsqueda de consensuar la oposición organizada y pacífica al gobierno nacional, para lo cual llevará su plan de acción, mostrándose permanentemente presta a contribuir con el desarrollo de las tareas unitarias.
Plan de Acción
- Acompañamiento y solidaridad a los conflictos laborales de manera permanente.
- Campaña de Solidaridad con las víctimas del terremoto del 10 de agosto y demás desastres naturales, liderada por la CUT. Pendiente de definir detalles.
- Encuentro Nacional de Comunicaciones CUT, presencial. Fecha por definir.
- 7 octubre, Día Mundial del Trabajo decente.
- 10 de Octubre, Jornada Mundial de Movilización contra el sionismo y en solidaridad con el pueblo Palestino.
- 14 de octubre, Jornada de movilización por el Día de la Diversidad Étnica y Cultural colombiana y contra el gobierno de Abelardo de la Espriella.
- 11 de octubre, Día Internacional de la Niña.
- 16 de octubre, Encuentro Nacional de Emergencia de Trabajadores del Sector Privado. Fecha por definir.
- Encuentro Nacional de Emergencia de Trabajadores del Sector Público. Fecha por definir.
- 29 de octubre, Día Internacional de los cuidados.
- Noviembre, Paro Nacional contra el gobierno de Abelardo de la Espriella.
- 16 de noviembre, Conmemoración de los 40 años de la CUT.
- 21 de noviembre, Conmemoración de 7 años de inicio del Estallido Social.
- 25 de noviembre, Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
- 10 de diciembre, Día Internacional de los DDHH.
Bogotá, 9 y 10 septiembre de 2026




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